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Por regla general, las personas no pagan por algo a menos que realmente sientan que tienen que hacerlo. Es decir, cuando no encuentran opciones gratuitas satisfactorias para sus requerimientos.
Lo anterior se hace aun más evidente entre los cibernautas y usuarios frecuentes de Internet, para quienes la noción de “freemium” (contracción en inglés de “free” y “Premium”) ya es relativamente familiar.
El modelo “freemium” de comercialización de un producto o servicio se basa en la gratuidad de una versión básica que se pone a disposición de cualquier interesado, normalmente con una reducción de las características posibles de encontrar en la versión pagada del mismo servicio o producto, que sí incluye las funcionalidades ausentes en la versión freemium.
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Adoptado por muchas nuevas compañías surgidas en los últimos años al alero de la web 2.0, el esquema fue articulado por primera vez en 2006 por el inversor en capital de riesgo y connotado bloguero, Fred Wilson:
“Ofrezca su servicio en forma gratuita, apoyado o no por publicidad online. Consiga numerosos usuarios a través del boca a boca, recomendaciones, redes de referencia y posicionamiento en buscadores de Internet, luego ofrezca servicios Premium pagados con valor agregado o una versión potenciada del mismo servicio a su base de clientes.”
El modelo freemium puede resultar conmocido para quienes acostumbran descargar aplicaciones gratuitas desde Internet, casi siempre ofrecidas en versiones básicas de evaluación (por tiempo limitado) o bien permanentes, pero desprovistas de algunas funcionalidades que sólo la versión pagada incorpora.
Sin embargo, el concepto se ha puesto en primer plano a raíz de la crisis de los medios escritos tradicionales en la era de Internet. Cobrar o no cobrar por sus contenidos online, ésa es la pregunta que se están haciendo los editores de los principales diarios del mundo. Y algunos como The New York Times y The Wall Street Journal, ya han comenzado a cobrar por aquellos contenidos que a juicio de sus editores no sean “informaciones generales”.
En Chile, ya es un hecho que el portal de noticias Emol separará aguas del diario El Mercurio para entrar de lleno a la pelea como portal de contenidos misceláneos. Mientras tanto, la edición en papel del diario quedará disponible en el sitio elmercurio.com, que por su parte buscará potenciar el prestigio y el carácter referencial del matutino.
Eso sí, aún no ha trascendido si cobrará o no por sus contenidos.
Para saber más sobre la estrategia freemium que comienza a aplicar la prensa escrita en su versión electrónica, se sugiere el siguiente artículo del periodista e investigador chileno radicado en España, Ricardo Leiva: http://tinyurl.com/y432hos |